Adviento: tiempo de oración

Adviento es tiempo de espera y de preparación; de espera en que vuelva de nuevo Jesús a esta Tierra seca; y de preparación porque debemos poner los medios para que estemos receptivos a Dios, que encuentre nuestra "casa" confortable y acogedora (no como la posada que no le quiso recibir).

La cuestión es que:
- Lo primero depende sólo de Dios. Que Dios quiera hacerse presente en tu corazón y en tu entorno es un regalo, no depende de nuestros méritos. Sólo nos queda pedir ¡Ven, Señor Jesús! porque hay tantas realidades a nuestro alrededor que te necesitan... Y esta espera esperanzada se cultiva en la oración.
- Lo segundo depende de nosotros. No esperamos que se produzca algo mágico, caido del cielo sin más, sin nuestra participación; esperamos de forma activa, implicándonos personalmente. Nos corresponde a nosotros quitar de esta "casa" todo lo que impide que nazca Jesús: la violencia, la soberbia, la envidia, el consumismo, la deshumanización... Y esta "casa" es mi corazón, pero también es mi entorno: trabajo, familia, realidades de exclusión social, etc. El trabajo en ambas realidades (interior y exterior) se nutre y sostiene desde la oración.
Por eso, en Adviento más que nunca, debemos renovar nuestro corazón y nuestras manos en la oración, con esperanza sin pasividad y con solicitud no voluntarista, por medio de la oración.

Oración: Yo soy el camino

Cuando se emprende un camino lo primero que viene a la cabeza es todo lo que uno deja atrás, la seguridad que te daba aquello que sientes tuyo, la pereza de cambiar todo y reordenar tu vida, el miedo a lo que pueda venir y a que nada vuelva a ser lo mismo… Pero una vez superada esa crisis inicial te das cuenta de la oportunidad que supone: por fin ha llegado la hora de tirar todos los trastos viejos que te impedían avanzar, de reciclarte y limpiar todas esas esquinas que con el paso del tiempo se van oscureciendo en tu persona. Es tiempo de pensar qué es lo que quieres guardar, para qué te sirve lo que has aprendido hasta ahora, y qué cambiarías. También es el momento de decidir tu nuevo camino, de organizar tu tiempo con una meta.


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Oración: Seguiré tras tus huellas

Jesús nos llama por nuestro nombre, es una invitación personal y nos da la completa libertad para aceptarla o no. Sabemos que decir un SI abierto y sin cortapisas no es fácil. Implica salir de uno mismo, de nuestras seguridades y comodidades, ir muchas veces a contracorriente de lo que el mundo y la sociedad nos propone, supone un esfuerzo diario pero el Señor espera y confía en nosotros, respetando los tiempos de cada uno. Él está con nosotros y no nos abandona. Nos llama a seguirle, a construir el reino y luchar por el evangelio, lo que en muchos momentos nos traerá alegría y gozo pero también nos encontraremos momentos de cruz en los que tendremos que aprender a abrazarla.

“Y ahora, así dice el Señor, el que te creó, Jacob; el que te formó, Israel: No temas, que te he redimido, te he llamado por tu nombre, tú eres mío. Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo, la corriente no te anegará; cuando pases por el fuego, no te quemarás, la llama no te abrasará.[….] Porque te aprecio y eres valioso y yo te quiero, […]No temas, que yo estoy contigo.” (Isaías 43, 1-5)


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La importancia del silencio

Hoy queremos poner el acento en la importancia del silencio en la oración. No es una novedad, pero suele ser uno de los puntos débiles de nuestra vida de oración. Las prisas, las tareas, lo urgente, nos impide en múltiples ocasiones ver lo importante, que es la presencia de Dios en nuestras vidas. Y para esto - como para la oración explícita- es imprescindible el silencio.

Se puede decir que la oración empieza con el silencio: cada oración comienza con un rato de apaciguar el alma, y termina con otro silencio-reto: ¿cómo voy a aplicar esto a mi vida?

Otros autores extrapolan este símil y lo aplican a la duración misma de la existencia humana: cuando nacemos estamos varios años sin poder hablar, y terminamos con un  "Gran Silencio": la muerte que sólo deja que sean nuestros actos pasados los que sigan hablando de lo que fuimos. Y entre ambos silencios existenciales, un sinfín de palabras cruzadas entre Dios y tú.

Siendo más concretos, otros remarcan que el silencio es eso que cuesta tanto al principio de la vida de oración, y que poco a poco va creciendo hasta que llena todo el rato de oración, y llena la vida misma.

Hay incluso blogs que se decican única y exclusivamente al silencio. Hoy nos fijaremos en uno de ellos: http://ahoraqueessilencio.blogspot.com/
Dice su autor que el blog es un intento de ponerle nombre al silencio... difícil pero hermosa tarea. ¡Que lo disfrutes!

Oración: Qué hacemos con la crisis

Nosotros vivimos bien, en líneas generales y a pesar de la crisis, vivimos en sociedades ricas, disponemos de lo necesario y quizá de mucho más que lo necesario, hasta el punto que nos parece vital lo que a otros muchos les parece un lujo y un derroche.
Comemos tres o cuatro veces al día, cambiamos de ropa según las estaciones, disponemos de numerosas comodidades domésticas, tenemos derecho a tantas cosas...

"Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino, y banqueteaba todos los días espléndidamente. Un pobre llamado Lázaro estaba echado en el portal, cubierto de llagas; habría querido llenarse el estómago con lo que caía de la mesa del rico; por el contrario, incluso se le acercaban los perros para lamerle las llagas.
Se murió el pobre y los ángeles lo reclinaron a la mesa al lado de Abrahán" (Lc 16,19-22)


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Salir de nosotros mismos

Como no podría ser de otra forma, trasladamos aquí algunas de las elocuentes palabras que Benedicto XVI está dejando por España. Sin duda, ha hablado de muchas cosas importantes y de gran actualidad (dimensión pública de la fe, el valor de la familia, relación entre libertad y verdad, etc.) Pero aquí sólo nos fijaremos en algunos "guiños" importantes que ha hecho a la vida de oración:
(De la visita a la Catedral de Santiago) "Peregrinar no es simplemente visitar un lugar cualquiera para admirar sus tesoros de naturaleza, arte o historia. Peregrinar significa, más bien, salir de nosotros mismos para ir al encuentro de Dios allí donde Él se ha manifestado, allí donde (...) ha producido abundantes frutos de conversión y santidad entre los creyentes. (...) para confirmar vuestra fe y avivar vuestra esperanza..."
"Al abrazar su venerada imagen, he pedido también por todos los hijos de la Iglesia, que tiene su origen en el misterio de comunión que es Dios. (...) La Iglesia es ese abrazo de Dios en el que los hombres aprenden también a abrazar a sus hermanos, descubriendo en ellos la imagen y semejanza divina, que constituye la verdad más profunda de su ser, y que es origen de la genuina libertad." Textos íntegros de Santiago y Barcelona

 Para orar, es imprescindible salir de uno mismo, buscar al Otro (Dios), dejarse abrazar por ese Otro; y desde ahí salir a buscar y abrazar a todo otro (hermanos). Oración y acción social son dos caras inseparables de la misma moneda, que pasa ineludiblemente por la superación del yo.
"Porque piense cada uno que tanto se aprovechará en todas cosas spirituales, quanto saliere de su propio amor, querer y interesse" (S. Ignacio, EE.189)

Oración: Por la Iglesia perseguida

Queremos recordar hoy a tantas mujeres y hombres perseguidos o asesinados por querer seguir a Cristo. Hermanos nuestros, y miembros de la Iglesia, que a lo largo de la historia o actualmente viven en sus carnes y su vida la cruz de Cristo. Una cruz que supieron asumir como parte de ese seguimiento de Jesús en el que el cumplir la voluntad del Padre y el amor a los otros también se puede hacer concreto desde el dolor y el sufrimiento. Ya Jesús advirtió a sus discípulos que la lucha por el Reino no estaba exenta de dificultades, y que seguirle a El implicaba hacerlo a su manera.


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