Oración: Esperanza

Hoy, aquí y ahora, es posible la esperanza. La esperanza de sanar, liberar y madurar el corazón del mundo, para que sea capaz de ser un mundo de justicia y de paz, de igualdad y solidaridad.


Como personas llamadas a la libertad y a la responsabilidad, con nosotros mismos y con los demás, queremos asumir de forma comprometida y responsable la herida, el sufrimiento, la esclavitud, la injusticia, la explotación y el mal,... de nuestro corazón y de nuestro mundo. Queremos mirar de frente la realidad y buscar juntos una respuesta de esperanza, de verdad, de solidaridad.

A través de él también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Más que eso, nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia, y la paciencia, carácter, y el carácter probado, esperanza, y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha dado. (Romanos 5, 2-5).

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Oración: Fe

FE, ESPERANZA y CARIDAD. Todo hombre y mujer tenemos por naturaleza la capacidad y disposición de hacer de estas virtudes timón de nuestra acción si ponemos los medios adecuados. Ellas nos ayudarán a que nuestra vida se oriente a Dios, a que se concrete en nuestro día a día y en nuestra persona. Será un don de Dios el que se acrecienten en nuestra vida, pero de nuestra parte estará el aprender a buscarlas y reconocerlas para poder cuidarlas y fomentarlas.


Durante las próximas semanas queremos ofreceros tres oraciones para rezar sobre cada una de estas virtudes.

“La fe es conocer la verdad y adherirse a ella. La caridad es caminar con esa verdad que se ha conocido en busca de aquello que la fe te ha descubierto” (Cardenal Carlos Amigo).

Descargar Oración: La virtud de la fe
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Oración: Oremos con ellas...

Ellas descubrieron a Dios en sus vidas. Lo buscaron con deseo ardiente y lo encontraron. Y también supieron comunicarlo para que otros pudiéramos aprender su forma de vivir la fe. Son testigos que nos ayudan a acercarnos más a Dios.

En este mes dedicado a María, también queremos rezar con otras muchas mujeres que pueden ser para nosotros ejemplo en nuestra vida de fe y que ya lo han sido para tantos a lo largo de la historia de la Iglesia.

“Cuanto más reces tanto más serás iluminado; cuánto más seas iluminado, tanto más profunda e intensamente verás al Sumo Bien, el Ser sumamente bueno. Cuanto más profunda e intensamente lo veas, tanto más lo amarás. Cuanto más lo ames tanto más te deleitará. Y cuanto más te deleite, tanto más lo comprenderás y serás capaz de entenderlo. Sucesivamente llegarás a la plenitud de la paz, porque entenderás que no puedes comprender” (Beata Ángela de Foligno)

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Orar con María

En este mes de mayo queremos tener presente en nuestra oración a María. Dios reservó para ella un lugar privilegiado en la historia de salvación al elegirla como madre de su hijo.

El suyo no fue un acoger pasivo de la voluntad de Dios. María puso toda su vida al servicio del proyecto de Dios: como madre, como transmisora de la fe a su hijo, como seguidora de Jesús, como vida entregada a los demás y como mujer vuelta a Dios.

María puede ser para nosotros un modelo en nuestra vida de fe. Un modelo al que siempre podemos volver porque nunca se agota, a pesar de los pocos pasajes del evangelio en el que se nos habla de ella.


“Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin…He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.”(Lc 1, 32-33.38)


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¿Qué podemos hacer?

Hace pocos días en un encuentro con amigos se hablaba de la terrible crisis que estamos sufriendo, su origen, sus gravísimas consecuencias, y nos preguntábamos ¿qué podemos hacer?

El Evangelio nos da de nuevo las respuesta, esta vez en las palabras de Juan Bautista: “ ...El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene, y el que tenga de comer, que haga lo mismo...No exijáis más de lo que tenéis establecido...No hagáis violencia a nadie ni saquéis dinero; conformaos con vuestra paga...” (Lc 3, 10-18) 

Podemos contemplar esta situación como una oportunidad para el cambio. El Reino de Dios es posible, se trata de “remar” en la dirección correcta. Podemos aprovechar este momento para a la luz del Evangelio contemplar nuestros actos y valorar nuestra generosidad e implicación en nuestro entorno. Podemos preguntarnos cómo utilizo mis bienes, cuáles son mis prioridades, qué intereses guían mis actos.

 Puedes cambiar el mundo, empieza por ti.