Cuidar la fragilidad

Quien haya tenido un niño recién nacido en sus brazos sabe de la sensación de fragilidad que transmite. Nada puede hacer por sí mismo. Durante varios años depende de sus padres para comer, para vestirse, para limpiarse y para atender cualquier necesidad.

Así, con esa fragilidad y dependencia vino Dios a nuestro mundo. Puso su proyecto de salvación en las manos de unos padres primerizos. No exigió garantías ni seguridades. No se rodeó de los mejores médicos ni de las mayores comodidades. Se adentró en el mundo fiándose de una mujer y un hombre como tantos otros.

Hoy, cuando celebramos y recordamos el nacimiento de Jesús, podemos poner también junto al pesebre a tantas mujeres y hombres de nuestro mundo que viven esa fragilidad en sus vidas. Porque necesitan de alguien que les de alimento, que les cuide en su convalecencia, que les haga compañía o que les proporcione un techo bajo el que dormir. Y podemos caer en la cuenta de la confianza que pone Dios en nosotros para cuidar de ellos. Desde nuestra limitación y desde nuestros miedos, pero llamados como José y María a cuidar de ese Dios frágil que sigue estando presente en medio de nosotros.

"Os aseguro que cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis" (Mt 25, 40)

Desde el Taller de oración aprovechamos para desearos una Feliz Navidad con el corazón lleno de alegría porque Dios ha venido al mundo a estar con nosotros.



Oración: Navidad

En la Navidad no sólo recordamos que Dios se hizo hombre en Jesús de Nazaret, celebramos también que sigue llegando a nuestro mundo hoy cuando vivimos una realidad que nos desgarra. Contemplamos al Hijo de Dios nacido en los «suburbios» de Belén, para descubrir qué es lo que hoy nos quiere decir esa presencia siempre viva y actual. Al mirar a Jesús recién nacido en la pobreza no podemos apartar de nuestro corazón a todos los otros niños y personas que están hoy en una situación parecida. Al lado de ellos se situó Jesús desde el primer momento de su vida, y al lado de ellos sigue. Por eso su venida es una buena noticia, una gran alegría, para los pobres…

Mientras estaban ellos allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. (Lc 2, 6-7)

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Oración: Invitados por Jesús

A todos nos resulta fácil reconocer en Jesús a un verdadero modelo de hombre de oración. El encuentro en el evangelio con Jesús orando, nos transmite qué sentido tuvo la oración en su vida y cuál fue su modo de acercarse al Padre. Nos mostró que vale la pena ponerse en presencia del Padre bueno, aproximarse, pedir aliento para la vida, y orientación para buscar el Reino. Su ejemplo puede animar nuestra propia vida de oración y ayudarnos a renovar nuestra Fe.

A la mañana, mucho antes de amanecer, se levantó, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba (Mc 1, 3)

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Siembra esperanza

Últimamente comienzan a oírse noticias de que la crisis, que venimos soportando, parece que esta tocando suelo, que se atisban razones para el optimismo. Una esperanza basada en percepciones, datos económicos, previsiones...

El cristiano sabe donde descansa su esperanza. El Evangelio siempre nos ofrece el camino sólido y certero para un mundo más humano, más fraterno, más feliz. Desde nuestra sensibilidad, desde nuestro peculiar acento, desde donde somos y estamos, Jesús nos invita a abrir los ojos como Él lo hace; para compartir, para acoger, para acompañar, para ser solidarios…asumiendo con responsabilidad Su propuesta.

La comunidad marista ha elegido para este curso escolar el lema “Siembra Esperanza”. Desde aquí nos unimos a esta propuesta, sintiendo que participamos del mismo espíritu, desde otro carisma.

Este lema puede ayudarnos en este tiempo de Adviento a renovar nuestra esperanza en que la forma de hacerse presente Dios en el mundo como uno de nosotros, acabará transformando la realidad. Y hoy víspera de la Inmaculada, nos fijamos también en María, que nos puede ayudar a entender lo que significa poner la esperanza y apostar toda una vida por una promesa de Dios.


Oración: Esperándote

El Adviento es tiempo de esperar. No tenemos seguridades, sólo signos que anuncian algo nuevo. Este es un tiempo que puede ser una buena oportunidad para ejercitarnos en esperar con paciencia. Desear, imaginar, echar a volar la ilusión por lo que va a llegar… sin que esté en mi mano adelantarlo. Quizá así el corazón esté más preparado para cuando Dios sea Dios-con-nosotros. Quizá así este tiempo no pase inadvertido como una tarea más.

En aquél tiempo dijo Jesús a sus discípulos: 'Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad! (Mc 13, 33-37)

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