Corazón de bondad

Vivimos en una mundo en el que muchas veces nos sentimos saturados por el exceso de ofertas, de opciones, de reclamos... Aturdidos por el bombardeo de información muchas veces interesada, casi bloqueados por lo urgente, agobiados por el vértigo que genera la rapidez que se nos impone.
Lo que no es resuelto de inmediato nos genera ansiedad. A veces, parece que olvidamos que se puede esperar, que vale la pena tener paciencia.

El exceso de imágenes y de noticias, nos pueden provocar indiferencia, pasividad, insensibilidad.
Poner el corazón en el lugar equivocado puede conducir a que nos dejemos llevar por la corriente de la comodidad, el consumismo, la apatía, lo fácil.

Hacernos conscientes de estos peligros que hacen infeliz e insatisfecho al hombre puede ser el comienzo.
Como en aquella canción de la Orquesta Mondragón donde lo aparentemente atrayente se convertía en un grito de búsqueda e insatisfacción.


Hacer momentos de silencio en nuestras vidas, descentrarnos, mirar a Dios, a su corazón de bondad, abrirnos a Su Novedad, puede ayudarnos a encontrar el camino.
Jesús nos enseña a vivir la Vida, podemos dejar que su Evangelio hable a nuestra realidad concreta y cotidiana de todos los días.
Puede que descubramos que la felicidad no consiste en acumular, -¿qué tenemos que no hayamos recibido?-, sino en compartir y en humanizar nuestras relaciones. Puede que Su mirada compasiva nos enseñe a ver la realidad transformada, con el corazón esperanzado. Puede que en Su Palabra encontremos sabiduría y fortaleza para descubrir cómo hacer que en medio de la realidad y de nuestras ciudades se haga visible toda la bondad que Dios a puesto en nuestros corazones y que ya está ahí para los que saben mirar de otra manera.

San José

El 19 de marzo celebramos la festividad de San José. Alguien de quien poco conocemos y que apenas aparece en los primeros capítulos de los evangelios.

Hoy te invitamos a un tiempo de oración utilizando tu imaginación. Trasládate a ese hogar de Nazaret que compartían José, María y Jesús. Deja que el hacer cotidiano de José le pueda decir algo a tu vida de hoy. Como siempre, puedes utilizar la ficha de la oración como guía o ejemplo para tu oración personal.


El sexto mes envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen prometida a un hombre llamado José, de la familia de David; la virgen se llamaba María. (Lc 1, 26-27)

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Oración: Cuaresma

La Cuaresma es un tiempo fuerte dentro de la liturgia de la Iglesia. Es un período en el que se nos invita a ahondar en nuestro camino personal de crecimiento, conversión y fe. Por lo tanto, es un tiempo de Gracia, un tiempo de oportunidad, una ocasión para no dejar volar, como las hojas del calendario. Es preciso despertar y volver a enamorarme de la vida, que es donde encuentro la huella profunda de Dios.

Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. (Ez 36, 26).

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Oración: Miércoles de Ceniza

En este inicio de la Cuaresma siempre resuenan en mí las palabras que escuchamos durante la imposición de la ceniza: “Conviértete y cree en el evangelio”. Una invitación que me recuerda que mi vida puede aspirar a más. Que mi seguimiento de Jesús todavía puede tocar aspectos de mi vida en los que no le dejo entrar. Que creer en el evangelio no es sólo un acto de la razón, sino que toca mi corazón, mis manos y mis pies para ponerme en acción. Por eso pido aprender a releer esta invitación que se me hace todos los miércoles de ceniza y sentir cómo hoy Dios me dice:
 Saca lo mejor de ti y arriesga por el evangelio.

El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres, me ha enviado a proclamar la liberación de los cautivos y dar la vista a los ciegos, a libertar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor. Después enrolló el libro, se lo dio al ayudante y se sentó. Todos los que estaban en la sinagoga tenían sus ojos clavados en él. Y comenzó a decirles: -Hoy se ha cumplido el pasaje de la escritura que acabáis de escuchar. (Lc 4, 18-21)

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