Uno da por sentado a la familia, a personas importantes en tu vida, con las que compartes alegrías y penas... Y a veces no nos damos cuenta de lo mucho que importan...Casi siempre está. Sin más. Amor de madre, amor de padre, amor de hijos y de hermanos. De abuelos, de tíos y sobrinos. Amor profundo. Amor que ayuda a pensar que Dios mismo ha de ser así.
Y si falta, o si falla, o si, por la razón que sea, uno no ha tenido esa tierra primera en la que echar raíces, aún sigue siendo un anhelo, un horizonte, y una posibilidad, esa de poblar el corazón con los nombres amados. Porque eso es lo que nos hace más humanos.


Bendito seas Señor,
porque en tu Amor nos reuniste
para formar parte de nuestra familia.
Te pedimos que protejas
y conserves nuestro hogar.
Que sus puertas estén siempre abiertas
para los que quieran entrar en él
y compartir nuestra alegría y amistad.
Enséñanos a aceptarnos como somos,
con nuestras cualidades y defectos;
a presentarte nuestros planes y sueños,
a pedir tu ayuda;
a ofrecerte nuestras alegrías y nuestras penas,
a recomenzar después de cada caída.
Te pedimos que como miembros de tu Iglesia,
sepamos llevar tu mensaje de amor
a todos los que nos rodean.
Que tu amor nos conserve siempre unidos
y en paz.




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