Oración: ¡Atención! la vida no depende de los bienes

En el marco de la Cuaresma, proponemos orar poniendo el corazón en la administración de bienes y en mi capacidad para invertirles. Jesús me avisa que la dinámica de la vida me puede llevar a pasar por alto las cosas que para Dios son verdaderamente importantes, priorizando en cambio otras más temporales, materiales, superficiales. Y me invita a poner mi fe y confianza en Él, por encima de otras seguridades, a la hora de gestionar mis recursos.


Y les dijo: ¡Atención! ¡Guardaos de cualquier codicia, que, por más rico que uno sea, la vida no depende de los bienes! Y les propuso una parábola: Las tierras de un hombre dieron una gran cosecha. Él se dijo: ¿qué haré, que no tengo dónde guardar toda la cosecha? Y dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros mayores en los cuales meteré mi trigo y mis bienes. Después me diré: Querido, tienes acumulados muchos bienes para muchos años; descansa, come, bebe y disfruta. Pero Dios le dijo: ¡Necio, esta noche te reclamarán la vida! Lo que has preparado, ¿para quién será? Así le pasa al que acumula tesoros para sí y no es rico a los ojos de Dios. (Lc. 12, 15-22).



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Oración: Examen ignaciano

El examen ignaciano es una buena herramienta para poder llegar a ser "contemplativos en la acción", es decir para buscar y encontrar a Dios en todas las cosas, y acercarnos un poco más al ideal de "en todo amar y servir". No es un examen de conciencia al uso, ni se trata de ver únicamente mis pecados, sino de revisar cada día con Él, para descubrir dónde y cómo se ha hecho presente, y cómo me invita a seguirle más y mejor en lo concreto de mi vida. 


Señor, Tú me conoces mejor 
de lo que yo me conozco a mí mismo.
Tu Espíritu empapa 
todos los momentos de mi vida.

Gracias por tu gracia y por tu amor 
que derramas sobre mí.
Gracias por tu constante y suave invitación 
a que te deje entrar en mi vida.

Perdóname por las veces que he rehusado tu invitación,
y me he encerrado lejos de tu amor.

Ayúdame a que en este día venidero 
reconozca tu presencia en mi vida,
para que me abra a Ti.
Para que Tú obres en mí,
para tu mayor gloria.

Amén.
(San Ignacio de Loyola).



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Oración: Cuidando la Creación

Cuando hablamos de ecología, los pensamientos, los sentimientos que despierta en nosotros este concepto pueden ser muy diversos. Indiferencia, “es un problema de otros”, “es un tema de ecologistas y radicales…" puede que consideremos que no haya problema, o por el contrario que ya no haya solución. Puede que en nosotros algo se movilice y nos impulse a transformar, puede que lo veamos como un problema que deben solucionar otros, o quizá sintamos que hay otros problemas más urgentes… Somos distintos y tenemos distintas sensibilidades… 


“…El compromiso por cuidar la Creación, la naturaleza, no es un tema secundario en la vida y en la misión de la Iglesia, sino que forma parte integral de su tarea de colaborar con Dios en hacer que toda la Creación -el ser humano y todas las demás criaturas- tengan vida en abundancia y caminen hacia la plenitud…” (Audiencia general de 5 de junio de 2013, Papa Francisco).



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El desafío de la Cuaresma

Todos los años se presenta ante nosotros la Cuaresma, que a pesar de ser un período que se repite cíclicamente año a año, tiene la capacidad de ofrecer frescura y novedad curso tras curso. Quizás sea porque su sentido profundo es el de ser una oportunidad, un desafío, un reto.

Al igual que sucede en la vida, puede haber diferentes formas de vivir y superar los desafíos. Serán mi momento presente, mi voluntad, mis deseos... las que me ayuden a tomar una u otra actitud. Con la Cuaresma, puedo tomar diferentes actitudes: dejar que suceda sin involucrarme, dejando pasar los días; centrarme en la queja, en lo incómodo, en lo que no "me encaja"; estancarme en esa actitud crítica hacia mí mismo o hacia lo que me incomoda; intentar aprovechar las propuestas que lanza la Cuaresma; vivirlo como un período de gracia...

Proponemos orar con la primera lectura del miércoles de ceniza. Y cómo en ella podemos ir contemplando cómo es Dios, observando los verbos y adjetivos que nos hablan de él y cómo toda la profecía de Joel nos remite al amor y al perdón de Dios. A pesar de la duda, la pequeñez, la necesidad de conversión de sus hijos, su respuesta va siempre unida a la misericordia.

De esta manera, el desafío puede ser ayudarse del ayuno, la limosna, la oración para profundizar en la propuesta de Dios en cuaresma: rasgar el corazón, sacudirle de lo que impide crecer y sentir más cercano ese abrazo misericordioso del Padre. Puedo pensar también en las veces que me he sentido perdonado, que he notado más de cerca esa misericordia de Dios y cómo se ha ensanchado mi corazón.


AHORA —oráculo del Señor—,
convertíos a mí de todo corazón,
con ayunos, llantos y lamentos;
rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos,
y convertíos al Señor vuestro Dios,
un Dios compasivo y misericordioso,
lento a la cólera y rico en amor,
que se arrepiente del castigo.
¡Quién sabe si cambiará y se arrepentirá
dejando tras de sí la bendición,
ofrenda y libación
para el Señor, vuestro Dios!
Tocad la trompeta en Sion,
proclamad un ayuno santo,
convocad a la asamblea,
reunid a la gente,
santificad a la comunidad,
llamad a los ancianos;
congregad a los muchachos
y a los niños de pecho;
salga el esposo de la alcoba
y la esposa del tálamo.
Entre el atrio y el altar
lloren los sacerdotes,
servidores del Señor,
y digan:
«Ten compasión de tu pueblo, Señor;
no entregues tu heredad al oprobio
ni a las burlas de los pueblos».
¿Por qué van a decir las gentes:
«Dónde está su Dios»?
Entonces se encendió
el celo de Dios por su tierra
y perdonó a su pueblo. (Jl. 2, 12-18).

Oración: María guardaba todo en su corazón

El corazón es el motor de todo, sin el corazón no se vive, no se siente... Muchas veces hemos usado expresiones como “te quiero de corazón”, “con el corazón en la mano”, “me ha tocado el corazón”, “te quiero con todo mi corazón”... y es que María pone todo su ser, su memoria, su emoción, su entendimiento, su poseer, su intuición, su sabiduría, su sencillez y su inteligencia. Con gran ternura, desde que su hijo acababa de nacer y hasta el último momento, guardaba dentro de sí lo fundamental.


Por las fiestas de Pascua iban sus padres todos los años a Jerusalén. Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según costumbre. Al terminar ésta, mientras ellos se volvían, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Pensando que iba en la caravana, hicieron un día de camino y se pusieron a buscarlo entre los parientes y los conocidos. Al no encontrarlo, regresaron a buscarlo a Jerusalén. Al cabo de tres días lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, escuchándoles y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban atónitos ante su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, se quedaron desconcertados, y su madre le dijo: Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados. Él replicó: -¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo estar en la casa de mi Padre? Ellos no entendieron lo que les dijo. Regresó con ellos, fue a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. (Jn. 2, 42-51).



Enamorados

Más allá de un sentimiento por una persona determinada, estar enamorado puede llegar a ser un estilo de vida; una forma de responder a las llamadas, los retos, las aspiraciones que la vida va poniendo por delante. Un vivir poniendo al amor como algo prioritario.



Puede resultar difícil ir navegando por la vida entre los océanos del corformismo, la comodidad y el egoísmo; los mares del reconocimiento público, la envidia, la ofensa; entre las aguas bravas de la rutina, el hastío, la soledad...; una singladura en el que puedo ceder parte de lo mío, de lo que soy; el arriesgar parte, o todo en aguas desconocidas. Sin embargo, en la brújula, siempre el amor.

«El amor es paciente, es amable, no es envidioso ni fanfarrón, no es orgulloso ni destemplado, no busca su interés, no se irrita, no apunta las ofensas, no se alegra de la injusticia, se alegra de la verdad. Todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1Cor. 13, 4-7).

Quizás puedo preguntarme ¿cómo soy de enamorado en la vida? ¿Qué/quién/quienes me apasionan? ¿Cómo voy viviendo las pequeñas o grandes opciones de mi vida?, ¿las vivo desde el amor? También puedo descubrir el amor que va apareciendo en mi vida, entretejido en lo cotidiano, o que me va empujando en situaciones concretas.

Envíanos locos

¡Oh, Dios! Envíanos locos,
de los que se comprometen a fondo,
de los que se olvidan de sí mismos,
de los que aman
con algo más que con palabras,
de los que entregan
su vida de verdad y hasta el fin.
Danos locos,
chiflados,
apasionados,
hombres capaces
de dar el salto hacia la inseguridad,
hacia la incertidumbre
sorprendente de la pobreza;
danos locos,
que acepten diluirse en la masa
sin pretensiones de erigirse un escabel,
que no utilicen
su superioridad en su provecho.
Danos locos,
locos del presente,
enamorados de una forma de vida sencilla,
liberadores eficientes del proletariado,
amantes de la paz,
puros de conciencia,
resueltos a nunca traicionar,
capaces de aceptar cualquier tarea,
de acudir donde sea,
libres y obedientes,
espontáneos y tenaces,
dulces y fuertes.

Danos locos, Señor, danos locos.

Louis Joseph Lebret

Oración: Dios ama a todos sus hijos


El Dios del que nos habla Jesús es un Dios que no conoce otra forma de relacionarse con sus hijos que no sea desde el amor. Es un padre que no premia a los buenos y castiga a los malos, sino que nos da a todos un amor desbordante. Es un amor que no excluye a nadie, creyentes y no creyentes, buenos y malos….

Lo que nos propone no es una doctrina ni una ley, es una invitación personal para optar por algo que realmente merece la pena. Cuando sentimos su amor incondicional, aún en las ocasiones que hemos metido la pata hasta el fondo y experimentamos su perdón, es cuando desde ahí, desde allí abajo, desde nuestro pecado y debilidad, desde donde nos da toda su confianza, a sabiendas de que somos débiles y pecadores, o quizá por eso mismo, porque hemos experimentado que nosotros no somos los protagonistas, que no somos el ombligo del mundo y entonces no hay mayor alegría porque percibimos que nuestra vida y nuestro proyecto encaja con algo realmente grande y bueno y que no tiene sentido disimular, porque el Señor nos conoce y no podemos hacer otra cosa que ponernos manos a la obra, junto con nuestros hermanos compañeros de camino.



Dios perdonó mi debilidad:
porque es eterno su amor.
Y me liberó de la oscuridad:
porque es eterno su amor.
Con mano poderosa, con brazo fuerte:
porque es eterno su amor.
Dios me ofrece su gracia:
porque es eterno su amor.
Dios creó en mí una nueva esperanza: 
porque es eterno su amor.
Y me llamó a una nueva vida:
porque es eterno su amor.
(Del Salmo 136).