Oración: Dios-con-nosotros


No faltan en nuestros días anuncios que nos hablan de la Navidad, las calles se adornan con luces y bonitos escaparates, y parecen no faltar motivos para festejar o para mostrarnos alegres. Suenan villancicos, atracciones para niños, espectáculos para jóvenes y adultos. La Navidad está en la calle y eso es siempre motivo de alegría.

También es motivo de alegría orar desde la Navidad. Profundizar en el misterio de la encarnación de Dios como parte del plan de Dios para el mundo y para cada uno de nosotros. Dios nace para cada uno desde la fragilidad, siendo esperanza y yendo a lo esencial. Es Dios-con-nosotros.


Estando ellos allí, le llegó la hora del parto y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no habían encontrado sitio en la posada. (Lc. 2, 6-7).



Inmaculada Concepción


En María encontramos un sincero referente para nuestra fe. María es para nosotros un modelo de encarnación. Un camino que nos habla de ir tejiendo y haciendo realidad la voluntad de Dios en nuestra vida. “Hágase” es la respuesta sincera, profunda y comprometida de María ante el plan de Dios.

Y ese “Hágase” se concreta en María en algo más que una palabra pronunciada en un momento preciso de su vida; sino en una serie de valores, actitudes, virtudes que practicó a lo largo de su vida.


En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
Y la dejó el ángel. (Lc. 1, 26-38).

En este día de la Inmaculada Concepción de María rezamos cantando con el Ave María.



Oración: Llamados y convocados


Jesús nos ama de una manera profunda, sin límites. Tal y como dice el Papa Francisco: Jesús nos sigue preguntando, ¿quieres ser mi discípulo?, ¿quieres ser mi amigo?, ¿quieres ser testigo del Evangelio?
Rezamos con las llamadas que Dios nos va haciendo a lo largo de nuestra vida. Una llamada por mi nombre y a servirle en comunidad.


Mientras caminaba junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos: Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano que estaban echando una red al lago, pues eran pescadores.
Les dijo:
Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres.
De inmediato dejando las redes le siguieron.
Un trecho más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago de Zebedeo y Juan, su hermano. en la barca con su padre Zebedeo, arreglando las redes. Los llamó. y ellos inmediatamente, dejando a la barca y a su padre, le siguieron. (Mt. 4, 18-22).




Oración: Juan Bautista, una voz que grita en el desierto


En medio de la historia de salvación del pueblo de Israel irrumpe la figura de Juan Bautista. Todo un regalo de Dios, ya que prepara y anticipa la redención de su pueblo. Al igual que en su época, en la nuestra; su vida, su vocación, sus palabras, su muerte, también nos hablan de cómo Dios actúa a través de nosotros, pudiendo llegar a ser instrumentos de liberación.


Una voz grita: En el desierto preparad un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; (Is. 40, 3). 




Oración: Hijos, hijos, hijos... Abba Padre


Una madre, un padre, da todo por sus hijos. Es habitual escuchar que algún padre daría la vida por sus hijos. Y hasta que no se es padre o madre, muchas veces es muy difícil hacerse consciente del alcance de esas palabras, de hasta donde alcanza ese amor, en la alegría, el sufrimiento, el dolor, la felicidad, la angustia, la desobediencia...
Como hijos de Dios, oramos para que podamos conocer y amar mejor a nuestro Padre. Abbá Padre.


Antes de formarte en el vientre te escogí; antes de salir del seno materno te consagré y te nombré profeta de las naciones. Jr. 1, 5.




Taller de Oración en Valladolid

Desde la Comunidad CVX de Valladolid, ofrecemos otro año más la posibilidad de crecer y profundizar en la oración mediante el Taller de Oración.

Consiste en una experiencia eminentemente práctica que favorece el encuentro personal con Dios, por medio de los métodos de oración sugeridos en los Ejercicios de san Ignacio. Consiste en hablar cara a cara con Jesús, aprender a mirarle a los ojos, descubrirle en el silencio de tu interior. Propiciar, en resumen, una relación directa y profunda con el Señor, una amistad personal y duradera.

Tendrá lugar el próximo fin de semana del 12 y 13 de noviembre de 2016 en la residencia de los jesuitas en la C/. Ruiz Hernández, 10 de Valladolid.

Está dirigido a cualquier persona que desee descubrir por primera vez algunos métodos de oración personal. No es necesario tener experiencia previa de oración. También es muy útil para quien quiera mejorar la experiencia de oración que ya tenga.

Para recibir información o realizar la inscripción, puede ponerse en contacto mediante el correo: taller.oracion.valladolid@gmail.com


Oración: Fragilidad que abraza


Todos tenemos nuestras pequeñas parálisis, pero puedo quedarme mirando mis propias debilidades, o aceptarlas y descubrir al hermano. Desde mi fragilidad, me llamas a mirar a otros, escucharlos y tomar su camilla, acercarlos a ti, a tu Reino. Quizás tenga que dejar todo lo demás por un momento para ofrecer mi mano, ¿estoy dispuesto a ello?


Un día en que estaba enseñando asistían sentados unos fariseos y doctores de la ley que habían acudido de todas las aldeas de Galilea y Judea y también de Jerusalén. Él poseía fuerza del Señor para sanar. Unos hombres, que llevaban en una camilla a un paralítico, intentaban meterlo y colocarlo delante de Jesús. Al no hallar modo de meterlo, a causa del gentío, subieron a la azotea y, por el tejado, lo descolgaron con la camilla poniéndolo en medio, delante de Jesús. (Lc. 5, 17-19).




Oración: El buen samaritano


Posiblemente aún dudamos de quién es el prójimo, Jesús lo aclara en la parábola. El prójimo son todos los seres humanos, pero especialmente quienes me necesitan y esperan mi ayuda, quienes han caído por el camino, quienes han sido golpeados de un modo u otro por la vida, quienes se agolpan en nuestras fronteras… Basta asomarnos un poco a la calle para ver que el prójimo está a nuestro lado. Lo podemos ver cada día en casa, o al salir a la calle, o al pasar las páginas de un periódico...


En esto un doctor de la ley se levantó y, para ponerlo a prueba, le preguntó:
- Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? 
Jesús le contestó: 
- ¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué es lo que lees? 
Respondió: 
- Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con toda tu mente, y al prójimo como a ti mismo. 
Entonces le dijo: Has respondido correctamente: obra así y vivirás. 
Él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Lc. 10, 25-29.




Oración: Cuando mi ritmo se acompasa al de Dios


Dios está y nos escucha siempre, pero su ritmo es diferente, es diferente para cada uno de nosotros, y está lleno de infinita paciencia. Nos acompaña en nuestra vida silenciosamente, sin que apenas nos demos cuenta. Nos espera siempre.

Podemos intentar ir al paso de Dios. Él presta atención a nuestro paso, y va en nuestra misma dirección. Es como cuando paseas con un amigo. Caminar juntos implica a veces desacelerar mi ritmo, otras veces dejar que sea él quien tire, o dejarme orientar, y en ocasiones disfrutad del caminar acompasado de los dos. Y en todo el trayecto saborear el camino y la compañía. Si confiamos en Dios sus pasos harán que el Reino de frutos.


“Aquel mismo día, dos de ellos iban a una aldea llamada Emaús, distante a unas dos leguas de Jerusalén. Iban comentando todo lo sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona los alcanzó y se puso a caminar con ellos. Pero ellos tenían los ojos incapacitados para reconocerlo” Lc. 24, 13.



Oración: Tiempo ordinario


El tiempo litúrgico que nos toca vivir durante estos meses, es el tiempo ordinario, un tiempo de saborear la vida en la normalidad y la cotidianeidad, en el que sepamos en nuestras vidas, encontrar destellos de tu evangelio en nuestro quehacer de cada día.


Muchas veces parece que donde mejor se puede encontrar a Dios es en las ocasiones especiales o en los grandes eventos, pero el trabajo cotidiano y la normalidad, nos ayudan a que existan estas otras ocasiones especiales tan importantes como la vida en lo cotidiano.

“Estén siempre alegres, oren sin cesar y den gracias a Dios en toda ocasión; esta es, por voluntad de Dios, su vocación de cristianos” (1 Tes. 5, 16- 18).



Oración: Pablo de Tarso, San Pablo


En nuestra oración de hoy vamos a dejarnos iluminar por Pablo, fariseo y ciudadano romano por su nacimiento en Tarso. Educado en la más severa tradición judía, por su fidelidad a la misma, es llamado a perseguir a quien pueda apartar a su pueblo de la ley de Moisés, incluidos los nazarenos. 


Las palabras contenidas en sus cartas han ido más allá de las comunidades que él mismo fundó y que se preocupó en alentar: Éfeso, Roma, Corinto…. En ellas le reconocemos a veces tierno, a veces severo, siempre libre. Podemos identificarnos con su humanidad pues se nos muestra débil y limitado, a veces imperfecto, sufre, padece la enfermedad, la incomprensión de los suyos, persecuciones, es maltratado… pero su sabiduría y confianza en Jesucristo, su brillo, han traspasado los límites temporales. Cuando escuchamos sus palabras podemos sentir que se dirige también a nuestras comunidades, a nuestros grupos, a nosotros mismos…

“…Vosotros sois mi carta escrita en vuestros corazones, carta abierta y leída por todo el mundo. Se os nota que sois carta de Cristo y que fui yo el amanuense; no está escrita con tinta sino con Espíritu de Dios vivo. No en tablas de piedra sino en tablas de carne, en el corazón. Esta es la clase de confianza que sentimos ante Dios gracias al Mesías. No es que de por sí uno tenga aptitudes para poder apuntarse algo como propio. La aptitud nos la ha dado Dios, fue Él que nos hizo aptos para el servicio de una nueva alianza no de un código sino de espíritu porque el código da muerte mientras el espíritu da vida.” (2 Cor. 3, 2-6).



Oración: Evangelizar hoy


“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús.
Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre renace la alegría.” Con estas palabras se dirige el Papa Francisco a nosotros, cristianos, para invitarnos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría. ¡Qué enorme reto! Sobre todo porque como escribe el Papa en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium vivimos en un mundo con una múltiple y abrumadora oferta de consumo, que promueve una tristeza individualista, una vida interior que termina en los propios intereses donde no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Muchas veces caemos en este riesgo y nos convertimos en seres resentidos, quejosos, sin vida. Esa no es la opción de una vida digna y plena, ni el deseo de Dios para nosotros: la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado.


Como consecuencia, la Iglesia sabe «involucrarse». Jesús lavó los pies a sus discípulos. El Señor se involucra e involucra a los suyos, poniéndose de rodillas ante los demás para lavarlos. Pero luego dice a los discípulos: «Seréis felices si hacéis esto» (Jn 13,17). La comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo. Los evangelizadores tienen así «olor a oveja» y éstas escuchan su voz. Luego, la comunidad evangelizadora se dispone a «acompañar». (Evangelii Gaudium, 24).



Oración: Vivir la fe en los momentos de dificultad


Quizás resulte más fácil encontrar a Dios en la bondad, el amor, en lo bello; en cambio, se necesita una fe más sólida para encontrarlo en las dificultades, en la enfermedad, en el dolor y la muerte. Nadie quiere vivir momentos difíciles; sin embargo Dios no nos prometió que nuestra existencia no tendría retos.

Montados en la barca de la misión de construir el Reino de Dios, en nuestra vida cotidiana, puede que nos surja la tentación de sentirnos a la deriva. Las dificultades pueden hacen pequeña nuestra fe.


Al verlo caminar sobre el lago, los discípulos comenzaron a temblar y dijeron: ---¡Es un fantasma! Y gritaban de miedo. Pero Jesús les dijo: ---¡Animaos! Soy yo, no temáis. (Mt. 14, 26-27).



Oración: A ti grito (La mujer cananea)


Un día más quiero encontrarme contigo, Señor. Te presento mi mochila con todo lo que cargo en mi vida, mis ilusiones y mis compromisos, las preocupaciones, las situaciones que me tocan y las personas con las que comparto mi día a día. Además, hoy me acerco a Ti a través de una mujer, extranjera. Me imagino estar en el lugar, y presenciarlo:


“Desde allí se marchó a la región de Tiro y Sidón. Una mujer cananea de la zona salió gritando: -¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija es atormentada por un demonio. Él no respondió una palabra.“ (Mt. 15, 21-23).



Oración: El gusto de Jesús por celebrar


Jesús en numerosas ocasiones se reunió alrededor de una mesa con sus amigos, discípulos, pecadores, pobres, publicanos,… y compartió pan y vino. Su actitud no fue nada selectiva ni restringida, estuvo abierto a todo tipo de gentes. Jesús supo buscar en ese espacio, un tiempo de intimidad  y cercanía que no se daba en los caminos, las plazas o el monte, porque compartir mesa es poner vida en común. Con esta actitud, nos encontramos con Dios en esta oración rezando con nuestras mesas compartidas, nuestro "ser pan" partido y compartido.


Cuando comulgas oyes decir: “el cuerpo de Cristo”, y tú respondes: “Amén”, es decir, estoy de acuerdo, es verdad. Por tanto sé tú también cuerpo de Cristo para que tu amén sea verdadero. (San Agustín).




Oración: Alegres en la esperanza


Si echamos un vistazo a nuestro mundo y a las noticias que nos llegan podemos pensar que la alegría es algo de lo que disfrutan unos pocos, quizá los niños, y que tarde o temprano se acaba, ahogada por las desgracias que nos ocurren. Dificultades, conflictos, frustraciones, necesidades, pérdidas… nos acarrean tristezas, enfados, desesperanza... Sin embargo, hay una alegría más evangélica, más profunda, que radica en la esperanza.


 «El que tenga sed, que venga a mí y beba el que cree en mí; como dice la Escritura: “de sus entrañas manarán ríos de agua viva”» (Jn. 7, 37-38).

“Os he dicho estas cosas para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría sea plena”. (Jn 15, 11).




Oración: Laudato si', estilo de vida

Volvemos a servirnos de la encíclica Laudato si' para motivar nuestra oración. Al final de la introducción el Papa Francisco enumera una serie de ejes que atraviesan toda la encíclica y sobre los que insitirá especialmente: la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida.


Un cambio en los estilos de vida podría llegar a ejercer una sana presión sobre los que tienen poder político, económico y social. Es lo que ocurre cuando los movimientos de consumidores logran que dejen de adquirirse ciertos productos y así se vuelven efectivos para modificar el comportamiento de las empresas, forzándolas a considerar el impacto ambiental y los patrones de producción. Es un hecho que, cuando los hábitos de la sociedad afectan el rédito de las empresas, estas se ven presionadas a producir de otra manera. Ello nos recuerda la responsabilidad social de los consumidores. «Comprar es siempre un acto moral, y no sólo económico». Por eso, hoy «el tema del deterioro ambiental cuestiona los comportamientos de cada uno de nosotros» (Laudato si’, 206).




Oración: Por los maestros

Hace ya muchos años, nació un gran educador en la Tierra, Jesús. Siempre intentaba hacer entender las cosas difíciles de manera sencilla, se acercaba a otros, ofrecía su calor, su acogida, daba ejemplo, perdonaba...

Jesús es en quien sentimos confianza cuando tenemos miedo, confidente cuando lo necesitamos, a quien pedimos ayuda, a quien buscamos, quien es ejemplo de vida... Jesús trata de hacer crecer lo mejor de cada uno en cada persona. Nos conoce profundamente y hace que podamos desarrollar lo mejor de cada uno, tratando a la vez que podamos ser nosotros maestros y seamos capaces de, como Él, saber regar donde hace falta.


Le traían niños para que los tocara, y los discípulos los reprendían. Jesús, al verlo se enfadó y dijo:
“Dejad que los niños se acerquen a mí; no se lo impidáis, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos”.  (Mc. 10,13-14).




Oración: Transformados por tu abrazo


Al igual que Jesús, que se dejó amasar por el Padre; yo también quiero dejarme hacer, dejar que Dios me guíe y guíe mis pasos, escuchando cómo me va moldeando en mi vida, en mi día a día.

Me descubro como barro frágil que por sí solo no puede formar una vasija. Pero sigues manteniéndote cerca, aceptándome como soy y queriéndome así, dejas que me apoye en ti cuando el cansancio puede conmigo o cuando no encuentro una salida, y me ofreces ese descanso en Ti para poder seguir dejándome en las manos del alfarero.


Se levantó de la mesa, se quitó el manto, y tomando una toalla, se ciñó. Después echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba ceñida. (…) Cuando les hubo lavado los pies, se puso el manto, se reclinó y dijo: ---¿Entendéis lo que os he hecho?  Vosotros me llamáis maestro y señor, y decís bien. Pues si yo, que soy maestro y señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros mutuamente los pies. Os he dado ejemplo para que hagáis lo mismo que yo he hecho. (Jn. 13, 4-5.12-15).



Oración: Parar y respirar

Mi vida está llena de ajetreo, apretados horarios, idas y venidas. Hoy quiero pararme, mirar a mi alrededor, y sentir desde la tranquilidad y el sosiego cómo TÚ Señor estás presente en aquello que hace que me levante cada mañana y en todos mis quehaceres diarios. Al pararme detengo mi movimiento, trato de dejar fuera mis preocupaciones para descansar y disfrutar sólo del hecho de estar aquí junto a Ti, en tu presencia.


Aquel mismo día, dos de ellos iban a una aldea llamada Emaús, distante a unas dos leguas de Jerusalén. Iban comentando todo lo sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona los alcanzó y se puso a caminar con ellos. Pero ellos tenían los ojos incapacitados para reconocerlo. Él les preguntó: “¿De qué vais conversando por el camino?” Ellos se detuvieron con semblante afligido, y uno de ellos, llamado Cleofás, le dijo: “¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que desconoce lo que ha sucedido allí estos días?” Jesús preguntó: “¿Qué cosa?” (Lc 24, 13-18).



Oración: Dios lo resucitó

La muerte de Jesús en la cruz le ha había convertido en alguien maldito, en alguien indeseable a los ojos de todos, era un perdedor… Los fariseos debieron pensar que acabando con él se terminaría con todo. Por su parte los apóstoles estaban tristes, desesperanzados, desunidos… Sin embargo, Dios dio la vuelta a esta situación, revocó esta sentencia de muerte. Con la resurrección Dios vino a decir que a pesar de lo que todos pudieran pensar y sentir este reo ajusticiado a muerte tenía razón, era el Hijo de Dios y su mensaje de amor ya no ha podido detenerse. Hoy, más de dos mil años después, seguimos siendo testigos y celebrando que Jesús está en nuestra vida y sigue animando todo lo bueno de este mundo.


Los discípulos se volvieron a casa. María estaba frente al sepulcro, afuera, llorando. Llorosa se inclinó hacia el sepulcro y ve dos ángeles vestidos de blanco, sentados: uno a la cabecera y otro a los pies de donde había estado el cadáver de Jesús. Le dicen: ---Mujer, ¿por qué lloras? Responde: ---Porque se han llevado a mi señor y no sé dónde lo han puesto.  Al decir esto, se dio media vuelta y ve a Jesús de pie; pero no lo reconoció. Jesús le dice: ---Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, tomándolo por el hortelano, le dice: ---Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo.  Jesús le dice: ---¡María! Ella se vuelve y le dice en hebreo: ---Rabbuni --que significa maestro”.  (Jn. 10, 1-16).



Oración: El paralítico de la piscina


En esta oración rezamos con otra persona que cruzó su vida con Jesús, el paralítico de la piscina. Jesús no pasa de largo, no mira a otro lado. Ve que alguien necesita ayuda y acude a él. Con absoluto respeto le pregunta si quiere sanarse, no da por hecho que quiera hacerlo. El hombre, sorprendido de que Jesús le hable, le dice que claro que quiere sanarse. Con esta voluntad de sanarnos, nos presentamos ante el Padre en el pórtico de la piscina que es nuestra vida.


Jesús lo vio acostado y, sabiendo que llevaba así mucho tiempo, le dice: ---¿Quieres sanarte? Le contestó el enfermo: ---Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua. Cuando yo voy, otro se ha metido antes. Le dice Jesús: ---Levántate, toma tu camilla y camina. Al punto se sanó aquel hombre, tomó su camilla y echó a andar. (Jn. 5, 6-9).



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Oración: Nicodemo


A pocos días de la celebración de la Pascua, traemos a la oración la figura de Nicodemo. En tres ocasiones aparece en el evangelio de Juan. Es uno de los jefes de los judíos, miembro del Sanedrín, va a buscar a Jesús una noche. Más adelante, en este evangelio, defiende a Jesús delante de sus compañeros, y por último participa en su sepultura.

Como en todos los encuentros de Jesús, la persona que le encuentra experimenta un cambio en su vida. Jesús nos ve tal cual somos, nos conoce en lo más hondo de nosotros mismos. Nicodemo le busca de noche, en la experiencia de oscuridad de la vida, Jesús le dice a Nicodemo que tiene que nacer de nuevo. No pide cambiar, pide nacer de nuevo, dejar al hombre que ha sido y renacer del Agua y del Espíritu. El agua que limpia, el Espíritu: fuego que hace arder por dentro. Dejemos que el Señor nos encuentre, y nos invite a Nacer con El.


Había un hombre del partido fariseo, llamado Nicodemo, una autoridad entre los judíos. Fue a visitarlo de noche y le dice: ---Rabí, sabemos que vienes de parte de Dios como maestro, pues nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él.  Jesús le responde: ---Te aseguro que, si uno no nace de nuevo, no puede ver el reinado de Dios.  Le responde Nicodemo: ---¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Podrá entrar de nuevo en el vientre materno para nacer? Le contesta Jesús: ---Te aseguro que, si uno no nace de agua y Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. De la carne nace carne, del Espíritu nace espíritu.  No te extrañes si te he dicho que hay que nacer de nuevo. (Jn. 3, 1-7).




Oración: Misericordia



En este año oímos tanto esta palabra, ¿pero qué quiere decir a cada uno de nosotros en este momento misericordia?
Podemos pedir a Dios misericordia, perdón por nuestros pecados, quizás pidamos ser misericordiosos con los otros o en el momento que estamos viviendo surja el deseo de agradecer la misericordia recibida.



“Misericordia, oh Dios, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa, lava del todo mi delito y limpia mi pecado. Pues yo reconozco mi culpa y tengo siempre presente mi pecado. Contra ti solo pequé, cometí la maldad que repruebas.” (Sal. 51).




Oración: Encontrar a Dios en el trabajo, servir a Dios en la profesión

A nuestra actividad profesional, al trabajo que realizamos, dedicamos gran parte de nuestro tiempo, de nuestra energía. En él nos desgastamos como en pocos otros ámbitos, y paradójicamente, con frecuencia tenemos dificultad para encontrarnos con Dios y “seguir siendo cristianos” en él. A veces se trata de una parcela de nuestra vida a la que debemos atender, pero separada de nuestra vida religiosa. Hoy vamos a pedir a Dios que ilumine nuestro trabajo, ya sea el profesional, o el que realizamos cuando decidimos o aceptamos dedicar nuestra vida a cuidar de esposos, hijos, padres... Somos afortunados por tenerlo, pues es un lugar privilegiado para encontrarle y servirle.


“ … A los laicos pertenece por propia vocación buscar el reino de Dios tratando y ordenando, según Dios, los asuntos temporales. Viven en el siglo, es decir, en todas y a cada una de las actividades y profesiones, así como en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social con las que su existencia está como entretejida…” (Concilio Vaticano II).




Oración: Laudato Si', reparto de los bienes y recursos

La encíclica Laudato Si' del Papa Francisco nos invita a rezar sobre nuestra responsabilidad en el cuidado de nuestra hermana tierra, nuestra conciencia y compromiso con realidades como el cambio climático, la creación de fronteras, las injusticias creadas por un desarrollo desigual e interesado.

Esta hermana tierra clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto». Olvidamos que nosotros mismos somos tierra. Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura. (Laudato Si’, 2).