Con cierta frecuencia, la presencia más inmediata, mi primera misión y compromiso, es tan exigente y compleja que puede limitar mi perspectiva de la realidad, hacerme caer en la indiferencia o la indolencia frente a mi prójimo.

En la oración de hoy se me invita a dejar que mi corazón y mi mirada sobre la realidad de la inmigración se acompase al latido de del corazón de Jesús, que mi manera de ver, se vaya graduando a la manera de Cristo.
"Cuando el extranjero habite con vosotros en vuestra tierra, no lo oprimiréis. Como a uno de vosotros trataréis al extranjero que habite entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Yo, Jehová, vuestro Dios”. (Lev 19, 33-34).