Os invitamos a guardar silencio y dejar, en la presencia de Dios, las heridas que nos duelen y las culpas que nos inquietan. Nos tomamos un momento para respirar con calma, abrir el corazón y reconocer que tanto pedir perdón como concederlo es un don que nos acerca al Señor y nos libera.




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Acompañamos la oración con: 

"PERDÓNAME"
(Barak)