Tengo la certeza de que me llamas, me convocas y estoy aquí para encontrarte. Respiro profundamente y cierro los ojos. Con cada inhalación me dispongo para que el Espíritu me acompañe en este encuentro en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Ante el Señor no tenemos nada que ocultar, solo dejarnos ser.



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“Siempre en ti” (Gen Verde)