Orar es entablar una relación



¿Con qué sentimientos nos acercamos generalmente a Él? ¿Con temor, ansiedad, vergüenza, ira, aburrimiento, obligación, esperanza, confianza, amor, gozo? El modo de relacionamos con Dios depende de las imágenes que tenemos de Él. Muchas de ellas son negativas, aprendidas en la niñez o en nuestra familia, en la educación, derivadas de la cultura o incluso de la religión: la de un mercader o prestamista con quien queremos llegar a un acuerdo, a un trato ("te prometo esto si tú me das eso"): la de un titiritero que nos maneja a su antojo a nosotros y a nuestro mundo (¿porqué le echamos la culpa de todas las desgracias o carencias?); la de un curandero a quien acudimos tan sólo en los momentos difíciles. A menudo no somos conscientes de esas imágenes que tenemos de Dios, en resumen: PRE-juicios. 




Pero Jesús nos desvela el verdadero rostro de Dios, el amoroso Padre-Madre que envía los rayos de sol y la lluvia a todos sus hijos sin distinción (Mateo 5, 45), el buen pastor que va en busca de la oveja descarriada y perdona, que da la bienvenida al pecador que vuelve al hogar (Lucas 15), etc. Y el primer paso para abandonar estas imágenes y reemplazarlas por otras más auténticas del Dios de Jesús es precisamente ponernos en oración. Una relación interpersonal crece cuando se llega a conocer mejor al otro, cuando se comparte y convive con el otro, cuando se descubre la belleza, originalidad y misterio del otro, cuando aprendemos a leer los acontecimientos de nuestro alrededor desde una perspectiva creyente, etc. Es un proceso largo, que suele durar... ¡toda la vida!


De esta forma seremos conscientes, ante todo, de que Dios desea aún más que nosotros mismos una relación profunda conmigo y está siempre dispuesto a ayudarnos en nuestro caminar. San Benito, que murió en el año 543, compuso esta oración tremendamente corta pero bien descriptiva de cómo es ese lento re-descrubrir a Dios (y re-descubrirnos a nosotros mismos): 

Padre misericordioso, danos 
sabiduría para descubrirte, 
inteligencia para comprenderte, 
diligencia para buscarte, 
paciencia para esperarte, 
ojos para contemplarte, 
un corazón para descansar en Ti 
y una vida para proclamarte 
con la ayuda del Espíritu 
de Jesucristo Nuestro Señor.

(Basado en "Orar es sencillo. 70 modos de rezar" Rex A.Pai, sj. Ed. Mensajero)

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