
¿Con qué sentimientos nos acercamos generalmente a Él? ¿Con temor, ansiedad, vergüenza, ira, aburrimiento, obligación, esperanza, confianza, amor, gozo? El modo de relacionamos con Dios depende de las imágenes que tenemos de Él. Muchas de ellas son negativas, aprendidas en la niñez o en nuestra familia, en la educación, derivadas de la cultura o incluso de la religión: la de un mercader o prestamista con quien queremos llegar a un acuerdo, a un trato ("te prometo esto si tú me das eso"): la de un titiritero que nos maneja a su antojo a nosotros y a nuestro mundo (¿porqué le echamos la culpa de todas las desgracias o carencias?); la de un curandero a quien acudimos tan sólo en los momentos difíciles. A menudo no somos conscientes de esas imágenes que tenemos de Dios, en resumen: PRE-juicios.

De esta forma seremos conscientes, ante todo, de que Dios desea aún más que nosotros mismos una relación profunda conmigo y está siempre dispuesto a ayudarnos en nuestro caminar. San Benito, que murió en el año 543, compuso esta oración tremendamente corta pero bien descriptiva de cómo es ese lento re-descrubrir a Dios (y re-descubrirnos a nosotros mismos):
Padre misericordioso, danos
sabiduría para descubrirte,
inteligencia para comprenderte,
diligencia para buscarte,
paciencia para esperarte,
ojos para contemplarte,
un corazón para descansar en Ti
y una vida para proclamarte
con la ayuda del Espíritu
de Jesucristo Nuestro Señor.
(Basado en "Orar es sencillo. 70 modos de rezar" Rex A.Pai, sj. Ed. Mensajero)