Oración: Con los ancianos

Hoy vamos a hacer presentes en nuestra oración a aquellos que ya han vivido muchos años, a los ancianos, a nuestros abuelos, a nuestros padres y madres, a nuestros mayores, aquellos a los que fuerzas físicas ya les fallan, y a los que el paso del tiempo les ha postrado en una butaca o en una cama. Porque todavía tienen mucho que ofrecer al mundo y a la Iglesia.

Con tu VOZ. Eres referente de sabiduría y experiencia en la vida de familia. Ofreces palabras de esperanza que tienen raíz profunda. Cuéntanos la tradición y el evangelio desde tu serenidad de vida ya lograda. Anuncia a los que crecen la fuerza y la justicia de Dios que has ido experimentando en tu vida.

Con tu ORACIÓN. Puedes rezar por el bien y justicia del mundo y de la Iglesia. Desde tu cama puedes abrazar con la oración al mundo.

Con tu PRESENCIA. Eres el nexo de unión en la familia. Unes generaciones nos ayudas a salir del individualismo y de la indiferencia.

Con tu AMOR. Tu amor hacia nosotros, permanece. El bien hecho, permanece siempre. El amor no pasa nunca y cuando hay amor, Dios está presente. Tu comprensión y consuelo son un bien para nosotros.

«…Ahora, en la vejez y en las canas, Dios, no me abandones, hasta que anuncie tu brazo y tu fuerza a la generación venidera, y tu justicia, Dios, que es sublime y las hazañas que realizaste: oh Dios, ¿quién como tú? Me hiciste pasar peligros, muchos y graves; de nuevo me harás revivir. De las simas de la tierra de nuevo me levantarás; acrecerás mi dignidad y te volverás a consolarme. Y yo te daré gracias con el arpa, Dios mío, por tu fidelidad; tañeré la cítara en tu honor, Santo de Israel. Te aclamarán mis labios -cantando para ti- y también mi aliento, que redimiste. Y mi boca todo el día meditará en tu justicia, porque han fracasado afrentados los que buscaban mi daño» (Salmo 71)


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