Oración: Dios lo resucitó

La muerte de Jesús en la cruz le ha había convertido en alguien maldito, en alguien indeseable a los ojos de todos, era un perdedor… Los fariseos debieron pensar que acabando con él se terminaría con todo. Por su parte los apóstoles estaban tristes, desesperanzados, desunidos… Sin embargo, Dios dio la vuelta a esta situación, revocó esta sentencia de muerte. Con la resurrección Dios vino a decir que a pesar de lo que todos pudieran pensar y sentir este reo ajusticiado a muerte tenía razón, era el Hijo de Dios y su mensaje de amor ya no ha podido detenerse. Hoy, más de dos mil años después, seguimos siendo testigos y celebrando que Jesús está en nuestra vida y sigue animando todo lo bueno de este mundo.


Los discípulos se volvieron a casa. María estaba frente al sepulcro, afuera, llorando. Llorosa se inclinó hacia el sepulcro y ve dos ángeles vestidos de blanco, sentados: uno a la cabecera y otro a los pies de donde había estado el cadáver de Jesús. Le dicen: ---Mujer, ¿por qué lloras? Responde: ---Porque se han llevado a mi señor y no sé dónde lo han puesto.  Al decir esto, se dio media vuelta y ve a Jesús de pie; pero no lo reconoció. Jesús le dice: ---Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, tomándolo por el hortelano, le dice: ---Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo.  Jesús le dice: ---¡María! Ella se vuelve y le dice en hebreo: ---Rabbuni --que significa maestro”.  (Jn. 10, 1-16).



Oración: El paralítico de la piscina


En esta oración rezamos con otra persona que cruzó su vida con Jesús, el paralítico de la piscina. Jesús no pasa de largo, no mira a otro lado. Ve que alguien necesita ayuda y acude a él. Con absoluto respeto le pregunta si quiere sanarse, no da por hecho que quiera hacerlo. El hombre, sorprendido de que Jesús le hable, le dice que claro que quiere sanarse. Con esta voluntad de sanarnos, nos presentamos ante el Padre en el pórtico de la piscina que es nuestra vida.


Jesús lo vio acostado y, sabiendo que llevaba así mucho tiempo, le dice: ---¿Quieres sanarte? Le contestó el enfermo: ---Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua. Cuando yo voy, otro se ha metido antes. Le dice Jesús: ---Levántate, toma tu camilla y camina. Al punto se sanó aquel hombre, tomó su camilla y echó a andar. (Jn. 5, 6-9).



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Oración: Nicodemo


A pocos días de la celebración de la Pascua, traemos a la oración la figura de Nicodemo. En tres ocasiones aparece en el evangelio de Juan. Es uno de los jefes de los judíos, miembro del Sanedrín, va a buscar a Jesús una noche. Más adelante, en este evangelio, defiende a Jesús delante de sus compañeros, y por último participa en su sepultura.

Como en todos los encuentros de Jesús, la persona que le encuentra experimenta un cambio en su vida. Jesús nos ve tal cual somos, nos conoce en lo más hondo de nosotros mismos. Nicodemo le busca de noche, en la experiencia de oscuridad de la vida, Jesús le dice a Nicodemo que tiene que nacer de nuevo. No pide cambiar, pide nacer de nuevo, dejar al hombre que ha sido y renacer del Agua y del Espíritu. El agua que limpia, el Espíritu: fuego que hace arder por dentro. Dejemos que el Señor nos encuentre, y nos invite a Nacer con El.


Había un hombre del partido fariseo, llamado Nicodemo, una autoridad entre los judíos. Fue a visitarlo de noche y le dice: ---Rabí, sabemos que vienes de parte de Dios como maestro, pues nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él.  Jesús le responde: ---Te aseguro que, si uno no nace de nuevo, no puede ver el reinado de Dios.  Le responde Nicodemo: ---¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Podrá entrar de nuevo en el vientre materno para nacer? Le contesta Jesús: ---Te aseguro que, si uno no nace de agua y Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. De la carne nace carne, del Espíritu nace espíritu.  No te extrañes si te he dicho que hay que nacer de nuevo. (Jn. 3, 1-7).




Oración: Misericordia



En este año oímos tanto esta palabra, ¿pero qué quiere decir a cada uno de nosotros en este momento misericordia?
Podemos pedir a Dios misericordia, perdón por nuestros pecados, quizás pidamos ser misericordiosos con los otros o en el momento que estamos viviendo surja el deseo de agradecer la misericordia recibida.



“Misericordia, oh Dios, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa, lava del todo mi delito y limpia mi pecado. Pues yo reconozco mi culpa y tengo siempre presente mi pecado. Contra ti solo pequé, cometí la maldad que repruebas.” (Sal. 51).