Oración: El buen samaritano


Posiblemente aún dudamos de quién es el prójimo, Jesús lo aclara en la parábola. El prójimo son todos los seres humanos, pero especialmente quienes me necesitan y esperan mi ayuda, quienes han caído por el camino, quienes han sido golpeados de un modo u otro por la vida, quienes se agolpan en nuestras fronteras… Basta asomarnos un poco a la calle para ver que el prójimo está a nuestro lado. Lo podemos ver cada día en casa, o al salir a la calle, o al pasar las páginas de un periódico...


En esto un doctor de la ley se levantó y, para ponerlo a prueba, le preguntó:
- Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? 
Jesús le contestó: 
- ¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué es lo que lees? 
Respondió: 
- Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con toda tu mente, y al prójimo como a ti mismo. 
Entonces le dijo: Has respondido correctamente: obra así y vivirás. 
Él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Lc. 10, 25-29.




Oración: Cuando mi ritmo se acompasa al de Dios


Dios está y nos escucha siempre, pero su ritmo es diferente, es diferente para cada uno de nosotros, y está lleno de infinita paciencia. Nos acompaña en nuestra vida silenciosamente, sin que apenas nos demos cuenta. Nos espera siempre.

Podemos intentar ir al paso de Dios. Él presta atención a nuestro paso, y va en nuestra misma dirección. Es como cuando paseas con un amigo. Caminar juntos implica a veces desacelerar mi ritmo, otras veces dejar que sea él quien tire, o dejarme orientar, y en ocasiones disfrutad del caminar acompasado de los dos. Y en todo el trayecto saborear el camino y la compañía. Si confiamos en Dios sus pasos harán que el Reino de frutos.


“Aquel mismo día, dos de ellos iban a una aldea llamada Emaús, distante a unas dos leguas de Jerusalén. Iban comentando todo lo sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona los alcanzó y se puso a caminar con ellos. Pero ellos tenían los ojos incapacitados para reconocerlo” Lc. 24, 13.