Aprendiendo a confiar (en las manos de Dios)

Quizá las actitud más importante, la única realmente importante para la vida de fe sea la confianza en Dios. Estoy convencido de que, sin que casi nos demos cuenta, vivimos en una verdadera cultura del miedo: miedo a la situación económica, miedo a la precariedad laboral, miedo a unos mercados impersonales que deciden la sanidad y la vida de millones de personas en el Tercer y Cuarto mundo... Miedo también a profesar nuestra fe, miedo a ser rechazados por la tendencia dominante, ... y lo que es peor: miedo a equivocarnos al intentar vivir los ideales del Reino que nos propuso Jesús.
"Por el miedo a equivocarnos" -como dice Maldita Nerea - es precisamente por lo que dejamos de amar, dejamos de arriesgar, dejamos de hacer todo lo que es justo y grande en nuestras vidas... Cuando te quedes paralizado, sin luchar por aquello a lo que te sientes llamado por miedo al fracaso, estarás realmente fracasando.

Frente a esto, la oración puede ayudarnos a poner toda nuestra confianza en Dios; en el Dios que nos crea, nos llama y nos acompaña. Ahora más que nunca debemos interiorizar que "el Señor completará la obra de sus manos" (Sal 138) es decir, nuestra vida y nuestra vocación. El peor error sería no ponernos en camino, por miedo al camino.
Pedro Arrupe, sj, General de los jesuitas y un verdadero santo en vida, con una biografía enorme y diversa, cuando se acercaba la hora de su muerte, supo resumir toda su vida en una preciosa oración, con la que renunció a ser General (superior) de la Compañía de Jesús, que trata precisamente sobre el largo proceso (de toda una vida) de ir aprendiendo a confiar en Dios:
En las manos de Dios
Hoy me siento, más que nunca,
en las manos de Dios.

Es lo que he deseado
toda mi vida, desde joven.
Y eso es también lo único
que sigo queriendo ahora.

Pero con una diferencia:
Hoy toda la iniciativa 
la tiene el Señor.

Les aseguro
que saberme y sentirme
totalmente en sus manos
es una profunda experiencia.
"No temáis, Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20)

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