Oración: Por la Iglesia perseguida

Hoy te invitamos a traer a tu oración a tantas personas que en el mundo son atacadas por sus creencias o por la fe que profesan. Este es un tema que periódicamente traemos al blog en forma de oración, y que queremos que siga presente de forma continua en nuestros corazones, ya que hay quienes tienen que cargar a diario con esta cruz en sus vidas.

La persecución religiosa tiene muchas formas. Desde la violencia más extrema que asesina, tortura o encarcela, hasta la más sutil por parte de quienes quieren relegar la religión a una esfera privada. Como denunciaba Benedicto XVI en Caritas in Veritate, "se ha de añadir que, además del fanatismo religioso que impide el ejercicio del derecho a la libertad de religión en algunos ambientes, también la promoción programada de la indiferencia religiosa o del ateísmo práctico por parte de muchos países contrasta con las necesidades del desarrollo de los pueblos, sustrayéndoles bienes espirituales y humanos."

Dichosos los perseguidos por hacer la voluntad de Dios, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos seréis cuando os injurien y os persigan, y digan contra vosotros toda clase de calumnias por causa mía. (Mt 5, 10-11)

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Dar. Darse. Entender la limosna

El inventor norteamericano Charles Goodyear terminó sus días arruinado en 1860 después de ver morir a seis de sus doce hijos y tras una vida llena de penurias económicas (incluyendo varias estancias en la cárcel). Apenas veinte años antes había descubierto por casualidad el proceso de vulcanización del caucho que podría haberle hecho inmensamente rico, pero cometió el error de compartir su hallazgo con Thomas Hancock y Charles Macintosh, quienes patentaron la idea.

Sin embargo, dejó escrito que «La vida no debería contarse exclusivamente en dólares y centavos. No estoy dispuesto a quejarme de que yo he plantado y otros han recogido los frutos. Un hombre tiene motivos para lamentarse sólo cuando siembra y nadie recoge

Sembrar. Aunque no sea yo quien recoja. Dar. Darse. Para hacer el mundo más amable, aunque no sea yo quien lo disfrute. Si mi corazón se compadece por el que pasa algún tipo de necesidad no podré evitar pasar a la acción. Sin esperar recompensa. Un corazón compasivo es un tesoro en sí mismo. Lo demás… lo dará por añadidura.


No temas, pequeño rebaño, que vuestro Padre ha decidido daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna. Procuraos bolsas que no envejezcan, un tesoro inagotable en el cielo, donde los ladrones no llegan ni los roe la polilla. Pues donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón. (Lc 12, 32-34)

¿Qué entrañas de misericordia, qué corazón compasivo siento latir en mí? 
¿Alguna vez he entendido la limosna como entrega de mí mismo? 
¿Paso por la vida tratando de sembrar el bien para los demás?


«Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo hoy todavía plantaría un árbol.» (Martin Luther King)

Oración: El ayuno que Dios quiere

¿Por qué ayunar en Cuaresma? ¿De qué sirve que yo ayune o no durante unos días al año? ¿Qué sentido tienen el ayuno, la abstinencia de comer carne u otros gestos que de vez en cuando hacemos?

Un día de ayuno es como guardar un minuto de silencio. No tiene valor práctico, sino quizá más simbólico. De la misma manera un minuto de silencio no arregla nada, pero crea solidaridad, escucha, reflexión, compromiso y puede ser un minuto de amor. Un día de ayuno debe ser también un día de amor y una semilla de esperanza. Cada día de ayuno debiera traducirse en un paso contra el egoísmo, un recuerdo de la importancia de salir de uno mismo y fijarse en las necesidades de otros. Un esfuerzo de comprensión o un compromiso por la justicia, en definitiva un camino de amor.

"El ayuno que yo quiero es éste:...compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no despreocuparte de tu hermano" (Is 58, 7).

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Miércoles de Ceniza

Comienza el tiempo de Cuaresma y lo hacemos con la celebración del Miércoles de Ceniza. Una celebración en la que un sencillo gesto marca en nosotros una cruz de ceniza en la frente y deja resonando una petición: “Conviértete y cree en el Evangelio”.

Os proponemos hoy una oración para profundizar en este deseo. Para convertirlo en algo más que un gesto o una frase hecha. Para que desde mi corazón brote con fuerza el deseo y la voluntad de una vida convertida a Dios y al trabajo por su Reino. Para que este tiempo de Cuaresma nos ayude a vivir más centrados en Dios y menos en nosotros mismos.

Así que vosotros no andéis buscando qué comeréis ni qué beberéis; no estéis ansiosos. Por todo eso se afana la gente del mundo, pero vuestro Padre ya sabe lo que necesitáis. Buscad más bien su reino y él os dará lo demás. No temáis, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha querido daros el reino. Vended vuestras posesiones y dad limosna. Acumulad aquello que no pierde valor, tesoros inagotables en el cielo, donde ni el ladrón se acerca ni la polilla roe. Porque donde está vuestro tesoro, allí está vuestro corazón. (Lc 12, 29-34)


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Oración: Por América Latina

Terminamos nuestro recorrido por el mundo deteniéndonos en América Latina. Contemplando el éxodo de personas obligadas a dejar sus casas y su tierra buscando un futuro mejor para ellos y sus familias.

Contemplamos su éxodo desde las tentaciones de Jesús, que son las tentaciones que todos sufrimos. Tentaciones que arrastran en muchas ocasiones al mundo a una espiral de codicia, soberbia y poder  mal entendido de la que los más pobres son sus principales víctimas. Y en este caso lo contemplamos en el caso concreto de aquellos que cruzan todo el continente americano y son muchas veces víctimas de abusos o de la codicia de aquellos que se aprovechan de su situación.

Durante los meses de enero y febrero tuve la oportunidad de colaborar en el albergue Decanal Guadalupano para migrantes centroamericanos. Más de cuatro mil migrantes pasaron por el albergue, son los meses del año en que menos migrantes viajan. La ruta que los migrantes centroamericanos hacen hacia los Estados Unidos, atravesando México, es considerada como la más peligrosa. Son muchos los que a lo largo del camino son asaltados varias veces, secuestrados, extorsionados e incluso asesinados, por diversos grupos delincuenciales, narcotraficantes e incluso las mismas autoridades policiales y de migración. Su esperanza (“quiero un futuro mejor para mis hijos”, “quiero salir de la pobreza en la que he vivido”, “busco ayudar a mi familia) les hace afrontar los peligros del viaje. (Carlos López, sj)


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