Oración: Por los jóvenes

Tener la vida por delante. Vivir con ilusión, alegría, no tener miedo, estar lleno de fuerza y energía. Buscar, crecer, querer aprender. Estas pueden ser algunas características que definen a los jóvenes.

La juventud es algo que desde otras edades se anhela, quizás porque evoca diversión, aventura, no tener límites, no tener grandes preocupaciones. Pero también es tiempo de ir construyendo un futuro, querer cambiar el mundo, caminar paso a paso, crecer en todos los aspectos, ser responsables del futuro que se construye, tomar decisiones que determinarán lo que será su vida adulta

En esta oración queremos acercarnos a los jóvenes para pedir por el camino que se construyen día a día y también para pedir que los que ya dejaron atrás esa etapa de su vida sepan acompañarlos.

¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído? El Señor es un Dios eterno y creó los confines del mundo. No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia. Él da fuerza al cansado, acrecienta el vigor del inválido; aun los muchachos se cansan, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse. (Is 40, 28-31)


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Oración: La noche oscura

San Juan de la Cruz nació en Fontiveros, Ávila, en 1542. Carmelita, mano derecha de Santa Teresa de Jesús en la reforma de la Orden fue un gran hombre de oración y místico que se dedicó a la dirección espiritual y a tareas de gobierno, a parte de su obra como escritor. Ésta comenzó a partir de su durísimo encarcelamiento durante nueve meses en Toledo, intensa experiencia interior que le marcó para siempre y durante la que redactó dos de sus poemas más bellos. Fue proclamado Doctor de la Iglesia y es el patrón de los poetas de habla hispana.

Uno de los temas que él trató a fondo es la vivencia de "la noche oscura", intentando ayudar a los que se encuentran en ella, siendo algo que ya ha pasado a formar parte de la cultura espiritual. La noche oscura es ese tiempo en el que el alma se siente separada de Dios. Pero no es sólo tiempo de ausencia, también lo es de búsqueda y de confianza en Dios.
No me quitarás, Dios mío,
lo que una vez me diste
en tu único Hijo Jesucristo,
en que me diste todo lo que quiero.
Por eso me holgaré que no te tardarás
si yo espero.
¿Con qué dilaciones esperas,
pues desde luego
puedes amar a Dios en tu corazón?
Míos son los cielos y mía es la tierra;
mías son las gentes,
los justos son míos y míos los pecadores;
los ángeles son míos,
y la Madre de Dios y todas las cosas son mías;
y el mismo Dios es mío y para mí,
porque Cristo es mío y todo para mí.
Pues ¿qué pides y buscas, alma mía?
Tuyo es todo esto, y todo es para ti.
No te pongas en menos
ni repares en meajas
que se caen de la mesa de tu Padre.
Sal fuera y gloríate en tu gloria,
escóndete en ella y goza,
y alcanzarás las peticiones de tu corazón.

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Oración: Hombre y mujer los creó

Hablar de la familia es algo delicado, porque afecta a experiencias muy personales y profundas de la persona. La experiencia de familia que hayamos tenido va a influirnos en nuestra manera de ser y de estar en el mundo.

La realidad es que hoy en día hay diversidad de familias y de valores que sustentan las distintas formas de familia. Hay quienes tienen una experiencia muy gratificante y constructiva de familia, pero también hay quienes han experimentado la dificultad extrema, el dolor, y aun la ruptura. La propuesta de la Iglesia, nos aporta una sabiduría milenaria en relación a la familia cristiana y ha dado lugar no sólo a una doctrina, sino sobre todo a una sabiduría familiar que llega a nuestros días a través de matrimonios cristianos que han vivido con Dios en el centro y en el origen de su compromiso, intentando ser felices haciendo felices a los demás, dando amor, tiempo, com
prensión, escucha, valores, solidaridad, fe, esperanza…

Esta sabiduría puede ser considerada como un tesoro para todos, creyentes y no creyentes. En este rato de oración reconozcamos nuestra fragilidad y al mismo tiempo apreciamos la grandeza del don recibido con la familia.

Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creo. Y los bendijo Dios y les dijo: -Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra. (Gn 1, 27-28)

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Oración: ¡Jesús Ha Resucitado!

Hace unos pocos días que hemos empezado la Pascua. Pero a veces nos resulta difícil acercarnos al misterio de la Resurrección de Jesús. Normalmente cuando contemplamos a Jesús nos lo podemos imaginar en su día a día, predicando o curando enfermos. Lo podemos contemplar en su nacimiento como un niño frágil. O en estos días pasados sufriente, abandonado y muerto en una cruz. Pero al contemplar las escenas de su Resurrección es habitual que nos sintamos bloqueados, sin saber cómo imaginárnoslo, peguntándonos qué vieron sus discípulos. Y muchas veces
esta dificultad nos impide interiorizar la grandeza e importancia de la Resurrección.

Hoy te proponemos que te olvides de imaginarte a Jesús Resucitado, y te fijes en los frutos en aquellos que lo reconocieron. Quizá así a ti también te resulte más fácil encontrar a Jesús Resucitado en tu vida

Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba". Él entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: "¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?" (Lc 24, 28-32)

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